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Me quedo con tu amor

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Me quedo con este amor  que es suave y limpio como el algodón  tierno y dulce como una mandarina en otoño miel sobre mis labios deseosos  me quedo con tu amor que no lastima que no pretende nada  que no espera milagros ni bendiciones  con este amor que fluye como un río desbordado  con olor a carne fresca de niño  con sabor de mieles rosadas  con secretos tesoros blancos  me quedo con tu amor que emana en la fuente de mi pecho contra el tuyo  me diste la bebida lechosa de las palabras que se incrustan en mi tierra helada. mmmm te siento vivo en mis entrañas amor desconocido raro amor tirano  yo lo valgo por mí  por mí  por mí  para mí...

El llanto

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  Me quedaban diez minutos para la llegada del próximo colectivo. Estaba a tiempo para esperarlo, pero ya no para ir al baño. Había cola en la boletería para cargar la tarjeta y me quedaba poco saldo, al igual que el dinero. Ayer había llegado con lo justo. Y no me sobró crédito. No me quedaba de otra que hacer la cola. Frente a mí, una señora mayor estaba cargando su saldo. -No señora, escuche bien. Esa tarjeta está con saldo negativo. Si usted carga los veinte pesos, se le debitará y no le alcanzará para el próximo viaje. Necesita ponerle más. – le escuché decir a la chica de la boletería. -Pero es que no tengo más mijita. Yo necesito volver a mi casa. - ¿Y cuánto tiene usted? ¿No tiene más? No va a poder viajar señora. Yo no puedo hacer nada. Ese yo no puedo hacer nada se me clavó como un cuchillo en el pecho. Entonces, metí la mano en el bolsillo y saqué mis últimos cuarenta pesos, los miré y volví a meterlos donde estaban, pensando en que estaban en realidad, destina...

La puerta cerrada

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  Ellas son Gabriela y Nadia. Son hermanas. Gabriela tiene diecisiete años. Nadia, tiene once. Compartían habitación hasta hace unas semanas atrás que Gabriela comenzó a ocupar la habitación del frente y la pintó con su color preferido, la decoró a su gusto y le puso cortinas a tono. No lo había hecho antes porque esa habitación estaba ocupada por Sixto, el hermano mayor a ellas, pero el menor de los varones. Sixto se fue a vivir con su novia ni bien terminó la secundaria. Todos sueñan con irse de casa ni bien tengan la primera oportunidad. Es que las peleas recurrentes entre los padres generan un ambiente hostil para la familia. Pero, ese no es el caso. El caso es que Gabriela está buscando sentirse mejor y tener un poco más de independencia y separarse un poco de Nadia, quien también necesita su propio espacio. Una tarde, Nadia estaba en la playa de estacionamientos de los departamentos, jugando al vóley con sus amigas, ya estaba oscureciendo y decidió volver a la casa. No dist...

Mi techo de cristal 1

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Una vez, cómo tantas otras, me encontraba lavando platos en la cocina de mi hogar y mi mente divagaba en reflexiones sobre mi vida, tal vez por eso no me gusta lavar los trastes, porque es una actividad que me hace pensar, pensar libremente y mi mente es traicionera, puede construir un sin fin de ideas, las que no siempre son optimistas, claro! Pero esa vez, puntualmente, recuerdo que me quedó plasmado un cuestionamiento en mi cabeza, ¿Por qué siempre debo ser yo la que debe lavar los platos? ¿Por qué solo yo debo mantener la limpieza de la casa? Corría el año 2018 y aunque el nuevo milenio ya había cambiado hacía muchos muchos años atrás, fue la primera vez en mi vida que me cuestionaba esto y ya estaba viviendo la experiencia de mi segundo matrimonio . En 2018, había escuchado hablar de feminismo y no con buenas connotaciones. Las feministas eran a imagen de los medios de comunicación de la época, esas mujeres que se desnudaban en las marchas que hacían, reclamando no sé que cosas, ...

El coro del colegio

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La profe de música llegó un día al aula con una extraña noticia. En sus manos traía una pila de cuadernillos o revistitas iguales. ¡Qué raro! - me decía yo- si no es la hora de la lectura. Siempre acostumbraba a llegar, saludar y retirarnos del aula hacia la sala de música donde tenía su piano frente a unas tarimas donde nos sentábamos, hacia un lado el grupo de varones y hacia el otro lado el grupo de mujeres. Éramos niños de 10 años y a pocos nos interesaba escucharla. Sin embargo, en esa ocasión; trajo un cancionero para cada uno. Que tenían un amplio repertorio de canciones relacionadas al diluvio universal, de índole católico cristiana. La temática era obvia porque asistíamos a un colegio religioso. Ella nos explicó que debíamos formar un coro. Un coro único e inolvidable, ya que el colegio estaba próximo a cumplir su aniversario número cien y que nuestro grupo de quinto grado era el elegido para homenajear a la institución en semejante acontecimiento. Imagínense tamaña responsabi...

Agua bendita

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Florencia, mi hermana, que había nacido seis años antes que yo, me enseñaba todo lo que podía, desde cómo usar una toalla femenina correctamente hasta cuál es el límite de alcohol que un cuerpo frágil de mujer menuda permite, sin perder la consciencia de las cosas. Ella me decía: “Cuando te empieza a picar la nariz, tené por seguro que con dos vasos más, ya te subirá el alcohol a la cabeza y te picas moderado, después te emborrachas. Así que ya sabes el límite, nunca lo pases. Menos si tu compañía no es de extrema confianza, o si no estás conmigo”. Mi hermana era la niña malcriada de papá, él la adoraba, por lo que mi madre tenía sentimientos en contra. Para mí, ella era como una especie de heroína a quien idolatrar. Yo también la adoraba. A sus dieciocho años ya había tenido dos novios y varios amores fugaces. Las chicas la envidiaban, porque a pesar de la sociedad estructurada en la que vivíamos, ella siempre hacía de la suya y no se reprimía nada, ni en lo que decía, ni en lo que ...

¿Cuántos años de fallecido tendrías si no hubieras sobrevivido a ese accidente? Yo 30.

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Una mañana en que Doña María no llegó a trabajar, me dirigí al cuartito del planchado y obviamente no la encontré. En ese lugar, había un ropero enorme donde se guardaban cosas misteriosas que sobraban en la casa. Me puse a revisar esas cosas aprovechando su ausencia y descubrí una bolsita pequeña y transparente, que contenía algo así como sal gruesa. Unos granos blancos que lucían exactamente igual a la sal gruesa de la cocina, que solíamos comer con mi hermana Florencia. Florencia era la quinta de los hijos y nos llevábamos seis años. Con ella compartíamos   travesuras, pero cuando podía verla. Ya que nunca estaba en la casa. Tenía muchas ocupaciones. Hacía deportes. Iba a la escuela. Vivía saliendo con sus amigas. Sólo nos veíamos de a ratos o llegaba tarde, cuando yo ya estaba durmiendo y se acostaba en la cama de arriba de la cucheta. Compartimos habitación muchos años. Yo era su sombra. Seguía sus pasos y sus palabras eran sagradas para mí. Entonces, tomé unos cuantos gra...