El llanto
Me quedaban diez minutos para la llegada del próximo colectivo. Estaba a tiempo para esperarlo, pero ya no para ir al baño. Había cola en la boletería para cargar la tarjeta y me quedaba poco saldo, al igual que el dinero. Ayer había llegado con lo justo. Y no me sobró crédito. No me quedaba de otra que hacer la cola. Frente a mí, una señora mayor estaba cargando su saldo. -No señora, escuche bien. Esa tarjeta está con saldo negativo. Si usted carga los veinte pesos, se le debitará y no le alcanzará para el próximo viaje. Necesita ponerle más. – le escuché decir a la chica de la boletería. -Pero es que no tengo más mijita. Yo necesito volver a mi casa. - ¿Y cuánto tiene usted? ¿No tiene más? No va a poder viajar señora. Yo no puedo hacer nada. Ese yo no puedo hacer nada se me clavó como un cuchillo en el pecho. Entonces, metí la mano en el bolsillo y saqué mis últimos cuarenta pesos, los miré y volví a meterlos donde estaban, pensando en que estaban en realidad, destina...