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Mostrando entradas de julio, 2023

El llanto

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  Me quedaban diez minutos para la llegada del próximo colectivo. Estaba a tiempo para esperarlo, pero ya no para ir al baño. Había cola en la boletería para cargar la tarjeta y me quedaba poco saldo, al igual que el dinero. Ayer había llegado con lo justo. Y no me sobró crédito. No me quedaba de otra que hacer la cola. Frente a mí, una señora mayor estaba cargando su saldo. -No señora, escuche bien. Esa tarjeta está con saldo negativo. Si usted carga los veinte pesos, se le debitará y no le alcanzará para el próximo viaje. Necesita ponerle más. – le escuché decir a la chica de la boletería. -Pero es que no tengo más mijita. Yo necesito volver a mi casa. - ¿Y cuánto tiene usted? ¿No tiene más? No va a poder viajar señora. Yo no puedo hacer nada. Ese yo no puedo hacer nada se me clavó como un cuchillo en el pecho. Entonces, metí la mano en el bolsillo y saqué mis últimos cuarenta pesos, los miré y volví a meterlos donde estaban, pensando en que estaban en realidad, destina...

La puerta cerrada

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  Ellas son Gabriela y Nadia. Son hermanas. Gabriela tiene diecisiete años. Nadia, tiene once. Compartían habitación hasta hace unas semanas atrás que Gabriela comenzó a ocupar la habitación del frente y la pintó con su color preferido, la decoró a su gusto y le puso cortinas a tono. No lo había hecho antes porque esa habitación estaba ocupada por Sixto, el hermano mayor a ellas, pero el menor de los varones. Sixto se fue a vivir con su novia ni bien terminó la secundaria. Todos sueñan con irse de casa ni bien tengan la primera oportunidad. Es que las peleas recurrentes entre los padres generan un ambiente hostil para la familia. Pero, ese no es el caso. El caso es que Gabriela está buscando sentirse mejor y tener un poco más de independencia y separarse un poco de Nadia, quien también necesita su propio espacio. Una tarde, Nadia estaba en la playa de estacionamientos de los departamentos, jugando al vóley con sus amigas, ya estaba oscureciendo y decidió volver a la casa. No dist...

Mi techo de cristal 1

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Una vez, cómo tantas otras, me encontraba lavando platos en la cocina de mi hogar y mi mente divagaba en reflexiones sobre mi vida, tal vez por eso no me gusta lavar los trastes, porque es una actividad que me hace pensar, pensar libremente y mi mente es traicionera, puede construir un sin fin de ideas, las que no siempre son optimistas, claro! Pero esa vez, puntualmente, recuerdo que me quedó plasmado un cuestionamiento en mi cabeza, ¿Por qué siempre debo ser yo la que debe lavar los platos? ¿Por qué solo yo debo mantener la limpieza de la casa? Corría el año 2018 y aunque el nuevo milenio ya había cambiado hacía muchos muchos años atrás, fue la primera vez en mi vida que me cuestionaba esto y ya estaba viviendo la experiencia de mi segundo matrimonio . En 2018, había escuchado hablar de feminismo y no con buenas connotaciones. Las feministas eran a imagen de los medios de comunicación de la época, esas mujeres que se desnudaban en las marchas que hacían, reclamando no sé que cosas, ...