Agua bendita
Florencia, mi hermana, que había nacido seis
años antes que yo, me enseñaba todo lo que podía, desde cómo usar una toalla
femenina correctamente hasta cuál es el límite de alcohol que un cuerpo frágil
de mujer menuda permite, sin perder la consciencia de las cosas. Ella me decía:
“Cuando te empieza a picar la nariz, tené por seguro que con dos vasos más, ya
te subirá el alcohol a la cabeza y te picas moderado, después te emborrachas.
Así que ya sabes el límite, nunca lo pases. Menos si tu compañía no es de
extrema confianza, o si no estás conmigo”.
Mi hermana era la niña
malcriada de papá, él la adoraba, por lo que mi madre tenía sentimientos en
contra. Para mí, ella era como una especie de heroína a quien idolatrar. Yo
también la adoraba. A sus dieciocho años ya había tenido dos novios y varios
amores fugaces. Las chicas la envidiaban, porque a pesar de la sociedad
estructurada en la que vivíamos, ella siempre hacía de la suya y no se reprimía
nada, ni en lo que decía, ni en lo que hacía.
Una vez, desperté en medio de
la noche, la habitación estaba en penumbras. Solamente un hilo de luz entraba
por debajo de la puerta. El reflejo suficiente para notar cómo de mi
respiración emanaba un vapor inusual. Como si estuviéramos en un ambiente de
invierno y a la intemperie. Me sorprendió. En eso veo una sombra que tapa
parcialmente el hilo de luz detrás de la puerta, con la sensación de que
alguien estuviera parado allí. Mi pecho comenzó a sentir una especie de vacío.
Un dolor opresivo, que fue interrumpido por los gritos de mi hermana. Teníamos
una cucheta. Ella dormía en la cama de arriba y yo en la de abajo. La
habitación de mis padres estaba al lado de la nuestra.
Flor comenzó a gritar dormida.
Aparentaba ser una pesadilla. Eso pensaron mis padres cuando ella saltó de la
cama y salió corriendo a prender la luz en el mismo momento en que mi madre
abrió la puerta. Menos mal que Flor había prendido la luz antes, porque vaya a
saber quién hubiera entrado en la penumbra antes que mi madre. Mi madre siempre dijo que la luz y
la música ahuyentan a los malos espíritus. Yo sabía que no había sido una
pesadilla. Alguien o algo asustó a Flor mientras dormía.
Esos episodios fueron frecuentes por las noches. Mi madre entraba a la habitación como a las tres de la madrugada. En sus manos traía una botella con agua bendita que había traído de Catamarca, cuando fue el 8 de Diciembre pasado. El agua estaba bendecida por las siete iglesias, como debía ser para la protección del demonio. Arrojaba chorros en las cuatro esquinas de las paredes como dibujando un escudo de defensa, mientras que pronunciaba sus oraciones en voz baja. A veces, parecía que ella también se sentía oprimida o parecía que el malestar de Flor era resistente, entonces mi madre pronunciaba el Ave María con mayor fuerza, casi gritando, hasta que cesaba la opresión.
Mientras tanto durante el día, nuestra vida social se hacía cada vez más rica. Participábamos de fiestas y reuniones con amigos. Y en la cerveza y los amoríos, olvidábamos los sucesos nocturnos.
A pesar que de aparentaba alegría, vivía estas experiencias con culpa, al saber que estaba haciéndome daño a mí misma. Entonces, decidí robarle el agua bendita de la habitación de mi madre donde la tenía escondida y volcar su contenido dentro mío para purificarme (el que fue recogido de siete iglesias distintas hace un año atrás). Con cada trago la culpa se transformaba, pasaba de ser una pecadora a ser una agraciada del espíritu santo, pasaba de beber alcohol a beber agua estancada, encima robada. Todos estos sentimientos dentro mío no hicieron más que retorcerse en mis intestinos y ser expulsados por la vía de la madre natura a los pocos minutos del hecho cometido.
El acto purificatorio espiritual en realidad fue físico, mas bien fue fisiológico. Una hora en el baño arrojando demonios y rogándole a Dios que cese. No tuve ganas nunca más en mi vida de beber agua bendita de esa manera, ahora entiendo por qué el sacerdote sólo la arroja al aire o te señala una cruz en la frente con ella, porque en realidad es muy poderosa.

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