Mi daimón (El inicio)
Enfrentarme
a una página en blanco es como enfrentarme a estos fantasmas y mi coraje
ausente. La mente está en blanco. Nada nace de mí, sólo un deseo insaciable de
dormir como de morir. Quiero armar este relato, para que no sólo tenga sentido
en mi memoria, sino en la vida de alguien que lo lea y le sirva para salir del
pozo, del pozo del que nunca se sale del todo realmente, de la oscuridad que
siempre se cierne sobre nuestras almas, pero que, a veces, solo a veces, es
truncada por la luz de una sonrisa desinteresada, de una música compartida, de
un nacimiento o de una lectura.
Aquí
estoy escribiendo sin pensar, dejando que mi daimón lo haga por mí, quizás así
deje salir cosas buenas, que es lo más difícil de desentrañar, porque lo malo en
mí está latente siempre, rondando en mis pensamientos como una abeja a las
uvas, siempre rondan esos pensamientos malos, esos recuerdos que generan
sentimientos oscuros. Rencor, no sé, no sería capaz de vengarme si tuviera la
oportunidad. Decepción, tal vez, pero si no fuera porque la situación se dio de
esa manera y no de otra, no tendría este hermoso presente. Presente que muchas
veces no puedo disfrutar por esas sensaciones del pasado. Resentimiento, puede
ser, resentimiento, que se equipara al entendimiento o a la resignación.
Resignación de que lo pasado fue así y no tenía que ser de otra manera, pero
¿si lo hubiera sido, QUÉ?
Si
él hubiera decidido después de treinta años de conocernos, perecer en una cama en
mis brazos y no en un piso frío embadurnado de sangre al que nadie más que el médico
forense y la policía científica pudiera acercarse.
Y
si también él hubiera decidido con todo su corazón cambiar su vida y hacer un
tratamiento con mucho esfuerzo, un tratamiento de años, si hubiera tenido un
poco de fe y hubiera abierto los ojos a lo que estaba por perder y a lo
maravilloso que hubiera sido si lo hacía, en vez de terminar tirado en un piso
frío, lleno de coca los pulmones y el hígado, la que fue conseguida con la
última prenda material que quedaba, el colchón que era nuevo, y sí, porque la moto ya la había
vendido, la ropa, el LCD, la dignidad, etc.
Y
si tan sólo él, hubiera preferido: comer un asado eterno junto a su padre que
tanto lo amaba, salir a dar vueltas en la enduro, bailar y jugar con sus
primos, hacer travesuras, romper las plantas de la abuela, abrazar a su hermana
menor y cuidarla. Si tan sólo, él la hubiera cuidado mejor, le hubiera evitado
una sensación de soledad eterna ante su ausencia. Pero no, él también decidió
terminar pendiendo de una cuerda y esto no lo digo en un sentido metafórico.
Este
es el relato de los hombres que perdí, de los que decidieron irse en vez de
quedarse, como él, como no pensar en él, que le di diez años de mi vida. Los años
más lindos. Los de la adolescencia y parte de la juventud. Los años de la
esperanza. Él, que se fue sin decir adiós, sin asumirlo, sino dándome un beso y
diciéndome hasta luego, nos vemos. Como si la muerte no fuera así de cruel como
es, como si ella permitiera un hasta luego, un volverse a ver.
Inicio
este relato así, porque quiero sacarlo todo de adentro, porque hoy hay otro
hombre a mi lado. Porque, quiero seguir viviendo y no
sobreviviendo. Porque quiero dar vida y que la única muerte que me toque
afrontar de ahora en más sea la mía. Que no sea como la de ellos, esquiva,
cobarde, sorpresiva, mentirosa, y rotunda a la vez. Yo Quiero que mi muerte sea
real, sea a la luz de la verdad y de la mano de quién amo, en paz. En total
paz, y como no sé si ésta será mañana o al cabo de algunos años. Inicio mi
relato hoy, ahora, en este instante, para no perder más tiempo.

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